UNA PESADILLA INHUMANA: El peor error de nuestro viaje
Lo que debían ser unas vacaciones se convirtió en una auténtica tortura psicológica y física. El estado de este hostal es deplorable y la empatía del personal es absolutamente nula.
Nos encerraron en la habitación 213 en plena ola de calor de 35 grados sin aire acondicionado. Su primera respuesta fue culparnos a nosotros; la segunda, dos días después, fue admitir de brazos cruzados que estaba roto y que "era lo que había", negándose por completo a cambiarnos de habitación. Hemos pasado noches enteras sin dormir, empapados en sudor, en un ambiente asfixiante.
Para colmo, las ventanas parecen de la posguerra: no cierran, dejando vía libre a nubes de mosquitos y a un ruido ensordecedor de obras que arrancaba cada mañana a las 8:00 AM, destrozando cualquier posibilidad de descanso. Pero lo más humillante ha sido la total falta de intimidad: las ventanas no tienen cortinas. Hemos estado expuestos a la vista de los vecinos, quienes nos han visto desnudos, además de sufrir la entrada constante de luz. El armario es tan ridículo que no cabe ni una mísera maleta de mano.
El área de los baños es un foco de insalubridad. Solo 6 duchas para una planta entera, convertidas en una auténtica sauna de vapor, calor y suciedad que roza lo asqueroso.
El colmo de la desgracia llegó el 27 de mayo: nos arrebataron la luz y el agua caliente durante todo el día por unas supuestas obras. Al ser baños interiores y ciegos, nos dejaron completa