El edificio está vetusto y no se ve limpio. La habitación cuádruple tiene el aseo con su propia puerta por un lado, la ducha con su cortina que da directamente a la habitación, y un lavabo también directamente en la habitación. El suelo alicatado está desnivelado, con baldosas fisuradas. Las bases de los colchones son endebles, remendados con cartón y plástico. El enchufe del cabecero de la cama doble está colgando con los cables a la vista. Las juntas de la ducha están ennegrecidas, así como el encuentro del suelo y la pared del aseo. La pintura de la pared de la habitación presenta manchas de humedad. En este contexto, nada más entrar en la habitación y encender la luz (llegamos de noche), vimos una cucaracha en la pared. Matamos esa cucaracha y otros dos bichos más. Mis hijos se pusieron muy nerviosos. Esa noche no vimos nada más, pero, por si acaso, nos acostamos pronto. Yo no soy especialmente escrupulosa, pero la situación me resultó acongojante. Anteriormente me he alojado en establecimientos modestos y hasta cutres, pero este "hotel" (según he leído, en Francia pueden usar el nombre sin que sea oficialmente un "hotel de turismo") me ha deprimido. La incertidumbre de no saber si la cucaracha tenía muchas compañeras es bastante desasosegante. No lo aconsejo en absoluto.