El hotel está muy lejos del centro de Lisboa, y la combinación para llegar es malísima, lenta y cara.
Aunque la entrega de maletas se hacía a las dos de la tarde, el hotel estaba medio vacío y podían habernos dejado entrar antes para no fastidiarnos toda la mañana esperando para después poder ir a ver la ciudad, sabiendo que eso suponía no aparecer hasta la noche ya que sólo en los traslados se iba más de una hora de trayecto, con un autocar tercermundista y un ferry que pasaba cada veinte minutos.
Para poder llegar al hotel sin perder la comunicación en trasporte público, tenías que abandonar el centro de Lisboa a las once horas de la noche, como máximo ya que en todo el trayecto más las esperas tenías casi dos horas de camino y el último autocar salía a las doce y media horas, en fin que quizás para alguien que vaya a viajar de turismo a Lisboa en verano lo tiene cerca de la playa pero para viajar en invierno no deberían ni ofrecerlo.
Ni siquiera nos dieron indicaciones de como llegar a Lisboa, ni un plano ni nada, menos mal que el taxista que nos llevo desde el aeropuerto hasta allí, que nos llevó cincuenta y cuatro euros nada más y nada menos, nos había indicado alguna forma de locomoción.
No hablaban nada más que portugués y tampoco hacían mucho esfuerzo para entenderse con nosotros, la verdad que el hotel, que para mí es más un hostal de playa, fue lo más decepcionante de un viaje que recomendaría a todo el mundo