Decidimos pagar el desayuno del hotel porque se anunciaba como de muy buena calidad y, además, por la comodidad de desayunar en el propio alojamiento.
Sin embargo, la experiencia fue decepcionante. Cada día tuvimos que desplazarnos aproximadamente 100 metros fuera del hotel para poder desayunar, lo cual contradice completamente la idea de “desayuno en el hotel”.
La comida era de baja calidad y muy monótona. No había tostadora, algo básico en cualquier desayuno, y el café era francamente malo.
Además, la zona de desayuno estaba mal acondicionada: mesas muy pequeñas y sofás utilizados como asientos, lo que resultaba incómodo y poco práctico.
En conjunto, el desayuno no justifica en absoluto el precio pagado ni las expectativas creadas. Una pena, porque el concepto prometía mucho más.