El riad no es muy grande, pero tiene muchísimo encanto y es súper acogedor. Además, la ubicación es perfecta, en plena medina y cerca de todo.
El desayuno en la azotea es una pasada: muy rico y variado cada día. En mi caso, además, me lo adaptaron sin problema a mi dieta sin gluten, con pan y dulces muy buenos, lo cual se agradece muchísimo.
Todo el personal es encantador, pero quiero destacar especialmente a Bilal. Gracias a él nos sentimos como en casa desde el primer momento. Estuvo pendiente de todo: vino a recogernos al taxi cuando llegamos y nos acompañó cuando nos fuimos, nos sirvió la cena en la terraza el día que llegamos, nos preparó el desayuno un día que salíamos de excursión temprano e incluso que recomendó donde comprar dulces marroquís sin gluten. ¡Un 10 de persona y de servicio!