En este hotel la atención al huésped es prácticamente inexistente. Te sientes invisible y el personal está poco dispuesto a interactuar: puedes quedarte esperando el desayuno sin que nadie se acerque a atenderte y, cuando reclamas, la respuesta es con desgana y mala actitud.
Las habitaciones presentan problemas serios: humedad evidente, baños demasiado pequeños y un aire acondicionado que da directamente sobre la cama, obligándote a apagarlo para poder descansar. La limpieza también deja mucho que desear; después del servicio diario es evidente que no barren, ya que el suelo permanece con restos y cabellos. El WIFI se desconecta cada pocos segundos y por si fuera poco, por las tardes y noches solo se escuchan gritos y risas en los pasillos, lo que impide poder descansar.
La experiencia fue tan poco agradable que decidí marcharme un día antes y pagar otro hotel.